viernes, 19 de abril de 2019

Jardín Colón






Se alza en un área que ocupó en el pasado el
 convento de La Merced. Después de la demolición
 de la casa de dicha orden, a raíz de la aplicación
 de las leyes de reforma, fue hasta 1883 cuando
 este lugar quedó transformado en un jardín en toda
 forma, denominado Plaza Colón a partir de octubre
 de 1892 con motivo de los cuatro siglos del
 descubrimiento de América.






El reloj que lo preside fue obsequio que hizo
 la colonia Española a la ciudad, se instaló en 1910
 con motivo de las fiestas del Centenario de la
 Independencia. Entre 1926 y 1927 se construyó la
 balaustrada y años después, con una remodelación
 en 1953 quedó prácticamente como hoy lo conocemos.






Fotografía: Jesús Jiménez Gómez

Fuente: CiudadSanLuis







viernes, 5 de abril de 2019

Mina el Edén




La Mina el Edén cuya historia comienza
 aproximadamente apenas 40 años después
 de la fundación de la ciudad en 1546.

La época de mayor auge de esta mina fue durante
 los siglos XVII y XVIII en la que la producción 
se basaba en Plata y Oro principalmente.






Debido a las inundaciones en sus túneles
 y a la cercanía con la ciudad, en 1960 finalizó
 su explotación, tiempo después fue ambientada
 para el turismo, siendo la mina más visitada del país
 por turistas nacionales y extranjeros.

La Mina el Edén como tal, abrió sus puertas el 1
 de Enero de 1975, ofreciendo un recorrido por su interior.

Acorde con el nuevo siglo, la Mina el Edén fue
 remodelada de manera integral en el año 2004
 concluyendo en marzo del 2005.






Fotografía: Jesús Jiménez Gómez

Fuente: Mina el Edén








viernes, 29 de marzo de 2019

Universidad de Guanajuato




La Universidad data desde el siglo XVIII, etapa colonial
 del florecimiento de la Villa de Guanajuato, tiene su base
 en el hospicio de la Santísima Trinidad, instalado el día primero
 de octubre de 1732, en la que fuera casa habitación de su promotora
 Teresa de Busto y Moya, quien con la cooperación de 14 mineros
 ricos de la ciudad logró instalar el primer establecimiento
 educativo en Guanajuato.

En el año de 1744, la Corona de España concedió
 licencia para que el Hospicio pasara a ser Colegio
 de la Santísima Trinidad, ya Colegio de Jesuitas,
 impartiéndose cursos de artes y cátedras de Gramática,
 manteniendo la escuela de primeras letras para los
 hijos de los trabajadores de las minas, sosteniéndose
 el plantel con las donaciones de la señora de Busto y Moya.






La fábrica del Templo se inició el 26 de julio de
 1747 y la del Colegio el 29 de octubre de 1759,
 en julio de 1767 que salieron desterrados los jesuitas,
 el colegio quedó construido solo en su primera planta.

Con el primer Gobierno Constitucional, el 29
 de agosto de 1827, se estableció el colegio bajo el
 mandato del licenciado Carlos Montes de Oca Méndez,
cambiando su nombre por el Colegio de la
 Purísima Concepción, el año de 1828.
En 1867, el plantel cambió su nombre
 a Colegio Nacional de Guanajuato.

En el año de 1945, gracias al entusiasmo, dinamismo
 y firmeza del Licenciado Armando Olivares Carrillo, último
 Director del Colegio del Estado, éste se convirtió
 en Universidad de Guanajuato.









Fotografía: Jesùs Jimènez Gòmez

Fuente: Wikipedia










viernes, 15 de marzo de 2019

Monumento a los Niños Héroes




Se encuentra en la Primera Sección del Bosque de Chapultepec.
 Realizado por Ernesto Tamariz, sirve de homenaje
 a los cadetes del Colegio Militar que dieron su vida
 por defender el Castillo de Chapultepec de la invasión
 norteamericana el 13 de septiembre de 1847.






En esa fecha 200 cadetes del Colegio Militar,
 que en aquel entonces tenía su sede en el castillo
 y 632 soldados del Batallón de San Blas, defendieron
 el castillo del ataque de 8000 soldados estadounidenses,
 en su avance hacia la Ciudad de México.

De los que murieron en combate se recuerda al teniente
 Juan de la Barrera y los alumnos Agustín Melgar,
 Fernando Montes de Oca, Vicente Suárez, Juan Escutia
 y Francisco Márquez, conocidos como los Niños Héroes.

La versión más difundida atribuye a Juan Escutia
 el haberse lanzado desde lo alto del castillo, envuelto
 en la bandera de México, cuando se hizo inútil toda defensa.
 Otras versiones atribuyen este hecho a Fernando Montes de Oca.







Fotografía: Jesùs Jimènez Gòmez

Fuente: Chapultepec.com.mx









viernes, 8 de marzo de 2019

El Cerro del Tepeyac





Tepeyac es un cerro ubicado al norte de la ciudad de México,
 perteneciente a la cadena montañosa que conforma la
Sierra de Guadalupe, que delimita al norte al Valle de México.


Durante la época prehispánica, en el Tepeyacac se ubicaba
un pequeño adoratorio a Tonantzin, y una pequeña aldea
 que estaban conectadas a la Ciudad de México-Tenochtitlán,
por medio de una calzada que cruzaba el Lago de Texcoco
(actual Calzada de los Misterios y entraba a la isla
principal por la zona de Tlatelolco).







El Tepeyac es célebre por haber sido, de acuerdo con la fe católica,
el sitio donde la Virgen de Guadalupe presuntamente
se habría aparecido al nativo Juan Diego Cuauhtlatoatzin.
Actualmente a los pies del cerro se encuentran
la Basílica de Guadalupe y el complejo monumental
del santuario que le fue dedicado, que cada año recibe
a millones de peregrinos, especialmente el día 12 de diciembre.






Fotografía: Jesùs Jimènez Gòmez

Fuente: Wikipedia







martes, 26 de febrero de 2019

Sellos Prehispánicos




Un elemento frecuente en los contextos arqueológicos
 mesoamericanos de prácticamente todos los periodos
 lo constituyen objetos de barro –aunque se han encontrado
 unos cuantos ejemplares en piedraplanos o cilíndricos
 que llevan incisas figuras de diversa índole. Se trata
 de los llamados sellos (objetos en los que la cara grabada
 es plana) y pintaderas (aquellos redondos en los que el
 grabado cubre toda la circuferencia). Generalmente se
 ha asumido que eran utilizados para estampar los motivos
 que llevan grabados, y de hecho algunos ejemplares
 conservaban restos de pigmentos, usualmente negro, blanco,
 rojo o amarillo. Si bien existe acuerdo sobre ese uso,
 sobre lo que no lo hay es sobre la superficie en que se
 estampaban, pues podía haberse hecho sobre corteza,
 tela, cerámica o sobre la piel. La idea más generalizada
 es que sellos y pintaderas se utilizaban para adornar el cuerpo,
 supuesto basado más en una deducción lógica que en
 evidencia concreta, aunque esta ausencia de pruebas
 se justifica por el hecho de que su uso sobre la piel era efímero por necesidad.






La fabricación de sellos y pintaderas es una práctica
bastante antigua y difundida en Mesoamérica;
se conocen ejemplares desde el Preclásico hasta 
el Posclásico en prácticamente todas las regiones.
En ellos se grababan diseños de diversas clases
que incluyen los geométricos (todos con un significado
particular, como el quincunce, que simbolizaba los rumbos del universo),
así como animales (entre los más comunes aves y serpientes),
plantas, flores, rostros humanos, manos y pies. La abundancia
de sellos y la variedad de contextos en que se han encontrado
indican que su utilización era común y que a diferencia de otras prácticas
de adorno corporal, como el tatuaje o el uso de narigueras y bezotes,
era permitido a una buena parte de la población.
El adornar el cuerpo con sellos se hacía seguramente en ocasiones
determinadas, para ritos y fiestas en las que el propio cuerpo
humano era parte de la ceremonia, y las figuras que se ponían
sobre él le daban significado y le conferían un rol particular.
La amplia diversidad de diseños que se encuentran en sellos
y pintaderas indica que, además de vincular el cuerpo pintado a una
ceremonia específica, también servían para señalar la
pertenencia a un grupo determinado.












Fotografía: Jesùs Jimènez Gòmez

Fuente: Arqueología Mexicana







sábado, 23 de febrero de 2019

Voladores de Papantla




El ritual de los voladores de Papantla inició como una ceremonia
 en la época prehispánica, que tenía que ver con un rito orientado
 a pedir lluvia debido a un periodo largo de sequía,
 el rito en aquellos tiempos no se iniciaba aventándose al vacío,
 si no con la selección del “palo volador” se internaban
 en busca del más alto, se danzaba en torno a él y se realizaba
 toda una serie de pasos para llevarlo al lugar en donde lo colocarían,
 un dato curioso es que las mujeres tenían prohibido tocarlo
 ya que era una señal de mal augurio. Actualmente se ha
 generalizado al empleo de postes de acero con pequeños peldaños
 metálicos, conservándose únicamente de madera el bastidor
 y el tecomate. La altura varía de un palo a otro: el que se encuentra
 en la explanada de la iglesia de Papantla mide aproximadamente 37 m;
 el localizado en El Tajín tiene casi 27 m; y el del Museo Nacional de
 Antropología de la ciudad de México alcanza los 25 m.










Vídeo: Jesùs Jimènez Gòmez

Fuente: Wikipedia

Canal: TostyChoys