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sábado, 13 de agosto de 2016

El Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe




El Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe
 es un templo católico de estilo churrigueresco localizado
 en la Ciudad de Guadalajara, Jalisco en México, dedicado
 (como su nombre lo indica) a la advocación mariana de
 Nuestra Señora de Guadalupe. La primera piedra se colocó el 7
 de enero de 1777 y tras 4 años de obras, la iglesia se inauguró en 1781.
 La construcción fue promovida y costeada por el filántropo español
 y entonces Obispo de la diócesis, Fray Antonio Alcalde.






El Obispo Fray Antonio Alcalde fue quien tuvo la idea
 de edificar una iglesia en la parte norte de la ciudad de Guadalajara,
 que en aquel entonces estaba prácticamente deshabitada.
 Fue el mismo Obispo Alcalde quien costeó los gastos de la
 construcción del templo, así como la construcción de varias casas
 que se rentarían a bajo precio para las personas pobres
 que quisieran habitarlas, llamadas "Las Cuadrillas del Santuario".






El templo se pensó, desde un principio, estaría dedicado a la
 advocación mariana de Nuestra Señora de Guadalupe,
 por la cual el Obispo sentía gran fervor. Así la primera piedra
 se colocó el día 7 de enero de 1777. Para su construcción y la
 construcción de las "cuadrillas" se utilizó cantera de Huentitán.
 Posteriormente, el 3 de diciembre de 1779, El Obispo Alcalde
 dio un fondo de cuarenta mil pesos para que se edificarán 19 casas más,
 todo lo que fuera necesario para el servicio religioso y las
 casas para el cura, los ministros, el capellán y el sacristán.






El día 7 de enero de 1781, cuatro años después de la colocación
 de la primera piedra, el templo fue bendecido por el señor alcalde
 y se ofició la primera misa por Fray Rodrigo Alonso. Se realizó
 una procesión desde la Catedral Metropolitana hasta el nuevo templo,
 de la cual tomaron parte la audiencia, el ayuntamiento, el clero secular
 y regular, muchas personalidades de la época y los vecinos de la ciudad.






La imagen de nuestra Señora de Guadalupe se encuentra
 en el altar principal, pintura que data de 1779 realizada por
 Don José de Alcíbar, coronada con una riquísima corona de oro.








Fotografía: Jesús Jiménez Gómez

Fuente: Wikipedia









miércoles, 16 de diciembre de 2015

Juan Diego y La Guadalupana




Según la tradición católica, el santo Juan Diego Cuauhtlatoatzin
 nació en 1474 en Cuautitlán, entonces reino de Texcoco,
 perteneciente a la etnia de los chichimecas.
 Su nombre era Cuauhtlatoatzin, que en su lengua materna significaba
 ‘águila que habla’, o ‘el que habla con un águila’.

Ya adulto y padre de familia, atraído por la doctrina de los padres franciscanos
 ―llegados a México en 1524―, recibió el bautismo,
 donde recibió el nombre de Juan Diego, y su esposa se llamó María Lucía.
 Se celebró también el matrimonio cristiano. Su esposa falleció en 1529.

El Nican Mopohua narra que el sábado 9 de diciembre de 1531,
 mientras se dirigía a pie a Tlatelolco, en un lugar denominado Tepeyac,
 tuvo lugar la primera aparición de la Virgen María,
 que se le presentó como «la perfecta siempre virgen santa María,
 madre del Dios verdadero».
 La Virgen le encargó que en su nombre pidiese al obispo capitalino
 ―el franciscano Juan de Zumárraga― 
la construcción de una iglesia en el lugar de la aparición.
 Como el obispo no aceptó la idea, Cuauhtlatoatzin volvió a ver a la Virgen
 ese mismo día y ella le pidió que insistiese.






El día lunes 11 Cuauhtlatoatzin no fue al Tepeyac
 porque halló a su tío Juan Bernardino enfermo,
 su tío le pidió a Juan Diego que al día siguiente fuera a Tlaltelolco
 en busca de un confesor, pues estaba seguro de que iba a morir.
 Juan Diego obedeció y salió muy de mañana
 el día martes 12 de diciembre de 1531,
 pero recordando que la Virgen lo tenía citado
 y temeroso de que lo entretuviera y no lo dejara ir en busca del confesor,
 quiso evitar su encuentro y así, en vez de seguir,
 derecho su camino, subió por entre el Tepeyac
 y el cerro al que estaba unido pensando rodear el Tepeyac
 por la ladera que mira al oriente hasta llegar a donde ahora 
queda el frente de la Basílica y tomar ahí el camino de Tlaltelolco.
 En su camino la virgen le salió al encuentro
 y le explicó la situación de su tío.

La Virgen entonces le dijo que subiera a la cumbre del cerrito
 donde solía verlo y que cortara las flores que allí encontraría,
 invitándole a subir hasta la cima de la colina de Tepeyac
 para recoger flores y traérselas a ella.
 No obstante la fría estación invernal y la aridez del lugar,
 Cuauhtlatoatzin encontró unas rosas de Castilla no nativas de México.
 Una vez recogidas las colocó en su «tilma» y se las llevó a la Virgen,
 que le mandó presentarlas al obispo como prueba de veracidad.
 Una vez ante el obispo el santo abrió su «tilma»
 y dejó caer las flores mientras que en el tejido apareció,
 inexplicablemente impresa, la imagen de la Virgen de Guadalupe, 
que desde aquel momento se convirtió en el corazón espiritual de la 
Iglesia en México.





Fotografía: Jesús Jiménez Gómez

Fuente: Wikipedia